MIS TARDES CON MATEO-UN NIÑO CON AUTISMO
MIS TARDES CON MATEO -UN NIÑO CON AUTISMO
Presentar un libro, para mi, siempre es un acto de celebración. Más si es un libro nacido tan del corazón y tan de verdad, como es éste. De modo, que estoy muy feliz de estar hoy aquí acogiendo y celebrando el último libro de la poeta, escritora y amiga, Ana Isabel Alvea : Mis tardes con Mateo, un niño con autismo.
Un libro testimonial, escrito con una prosa fluida, elegante -como es ella- Un libro que empieza a gestarse poco a poco, nos dice su autora, en un principio con el único fin de preservar y proteger la siempre precaria memoria, para cuando nos vapulee la vejez y vengan los tiburones del tiempo a devorar los restos de nuestras vidas.
De ese modo, dejar constancia -nos dice- y salvar del incendio del tiempo aquellos memorables días compartidos con el pequeño Mateo.
Un canto a la infancia en un libro, ante todo, tierno, valiente, luminoso, no exento de ironía, cuya finalidad, también nos dice Ana, es dar a conocer a la sociedad los rasgos, comportamientos y dificultades en los que se ha de enfrentar un niño con autismo y su familia. La aceptación del diagnóstico, la importancia de la educación, la empatía y el poder de las terapias. Sin ayudas lo estamos arrinconando a una habitación desprovista de ventanas.
Pensado para todos los públicos, a modo de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, el libro se compone, en su mayoría, de breves estampas o capítulos, -ochenta y cuatro para ser precisos- con títulos tan significativos como; Desmontando mitos, Rebelde con causa, ¿Con quién jugar? Habitar un mundo mejor, El prodigio de las palabras, Carta a los Reyes Magos…
Estampas, en las que se recogen vivencias, paseos, anécdotas y juegos que tita Adri, alter ego de la autora, ha ido compartiendo con su sobrino Mateo en el transcurso del tiempo, acompañadas todas con una cita o unos versos de escritores y poetas muy dispares en el tiempo y el espacio, poetas que Ana Isabel, de alguna manera, aprecia y admira.
Así hay citas de María Zambrano, Jorge Luis Borges, José Hierro, Antonio Gamoneda, Gloria Fuertes, Joan Margarit, Alejandra Pizarnik... entre otros poetas coetáneos suyos y que le da un enorme impulso al libro, en cuanto a luz y belleza.
Comienza el libro rememorando a Mateo, ese niño guapo, de piel olivácea, cuando aún no manejaba el don del lenguaje, esas voces de vocales y consonantes capaces de nombrar el mundo, recordando sus primeros pasos, gateando por el suelo como un pequeño príncipe con toda su corte y termina con un ya Mateo que ha alcanzado a saber leer y escribir, casi adolescente, cuando ya se le empieza a vislumbrar el bigote, aunque su voz, nos dice tita Adri, sigue sonando a miga de pan tierno.
No he querido suprimir ni encubrir ningún aspecto de estos retazos de vida, sino mostrar unas pocas palabras verdaderas, puntualiza la autora.
Entre escenas cotidianas y pequeños descubrimientos, escrito con una prosa limpia, fluida, elegante, el lector encontrará sensibilidad, humor, valores humanos y una mirada poética que invita a comprender y acompañar sin miedo.
Interesante y necesarias, pienso que un gran acierto, las notas a pie de página para profundizar y comprender mejor el universo del espectro autista.
Además de “Unas palabras de su madre” en forma de epílogo o conclusión, donde Laura, -madre de Mateo- desde una mirada retrospectiva del tiempo, redondea, despejan dudas, aclara, al mismo tiempo que reflexiona sobre temas como la inclusión en la educación, el respeto, la diversidad o la empatía.
Terminar no sin antes felicitar a Ana Isabel por este libro tan mágico, tan íntimo y valiente como reivindicativo a un tiempo. Un libro que refleja su sensibilidad y su corazón de poeta y con el que aprender otras maneras de estar en el mundo. Porque ¿Qué son los libros, -nos dice Alvea- si no guías de nuestras vidas… Manuales de resistencia en los momentos duros, que pueden arroparnos, como lo hace este libro, como una manta difícil de arrebatar.
Isabel de Rueda






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